
Me siento un viejo escribiendo palabras de vida.
Debería estar corriendo o demostrando mi fortaleza adjunta a mi condición de macho, o tal vez ser un amigo de la rebeldía, de la llama juvenil, la pasión ciega de los irrenunciables ideales o solo un contemporáneo socio de la modernidad, de los altos y burdo-solemnes fines económicos.
Quizás debería renunciar al mundo, jamás bajo el amparo del abrigo de la muerte, si no al mundo concreto, y caminar de la mano de los sueños, amar por amar, vivir por vivir, soñar por soñar, cantar… solo por cantar. Negar toda aceptación razonada y velar por aquella que une a los corazones mas no los hombres.
Me obligaría a depurar el lenguaje, tener lentes con vidrio de alma y un espejo de luna, con colores meta-humanos para reflejar aquella sociedad que me invita a pensar en su progreso inanimado.
Podría volver a pensar en los políticos, entregar mis ideales a sus discursos y tejer redes mortales de verborreas corruptas, conseguiría descuentos en clubes nocturnos, centro de comidas, vestuario o armarías… quizás la tramitación adecuada seria entrar a una armería y comprar todas las armas del mundo.
Aun sigo escribiendo, y no se por donde empezar ¿abstraerme al universo para ser uno con el o avanzar al mundo y la casta?